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" No son nuestros pensamientos, sino nuestro apego a ellos, lo que origina nuestro sufrimiento. "
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Meditación y emoción

Meditación y emociónDe pequeño muchas veces pensé que los mayores se guardaban un secreto; el secreto de ser feliz. Con mis ojos de niño los observaba con la intención de descubrir la llave que abriese ese tesoro oculto, la felicidad.

Las preguntas esenciales ¿quién soy yo?, ¿qué soy?, ¿qué es este mundo que me rodea?, ¿cuál es el sentido de la vida?, ¿por qué sufro?, ¿qué hay tras la muerte?, aparecían en diferentes formas y la falta de respuestas producían en mí una angustia existencial que se extendía a todos los ámbitos. Posteriormente me he dado cuenta que en todas las etapas de mi vida, de forma velada, esa búsqueda siempre estuvo presente. Al final, después de haber exprimido al máximo multitud de experiencias vitales y al no hallar la respuesta, me rendí a sobrevivir el resto de mis días con resignación. Decidí apagarme vitalmente en la mediocridad de una vida de desesperante tranquilidad.Y ahí, justo en ese momento, fue donde las ideas del Vedanta Advaita irrumpieron con tal fuerza que ya nunca me han abandonado, al contrario, han sido para mí como un faro, una guía en todo mi hacer cotidiano. Entre todas ellas, una especialmente ha sido la que siempre he tenido más presente: Advaita (No-dualidad), una idea simple pero a la vez inaccesible que ha dado respuesta a todas mis preguntas. Por desgracia entre entender y comprender su significado, hay un gran abismo.

El Vedanta Advaita sintetiza las milenarias enseñanzas de los Vedas hindúes. En el siglo VIII fue Shankara quien logró la hazaña intelectual de ofrecer en este solo concepto el fin último: el conocimiento de lo Real. En la cultura de los enamorados de Dios, como se autodenominan los hindúes, hay tres caminos para realizar la unión con lo absoluto: el Karma Yoga o vía de la acción, el Bhakti Yoga o vía devocional y el Jñana Yoga o vía de conocimiento. Es en esta última vía donde el Vedanta Advaita, a través de planteamientos cognitivos y con la atención como herramienta de trabajo, se convierte en su máximo exponente. Las relaciones entre sujeto-objeto nos dan la clara referencia experiencial para saber con certeza en qué estado mental nos encontramos. Nos lleva incluso a romper sus aparentes fronteras que las limitan logrando una culminación de simultaneidad del conocedor con lo conocido. Lo que, según la cultura que lo interprete, recibe diversos nombres como “samadhi”, “satori” “nirvana” o “éxtasis místico”.

Este enfoque es contrario a lo que perciben nuestros sentidos donde la distinción entre nosotros y el mundo es evidente per se. He aquí donde radica la dificultad de comprender esa no-diferenciación entre el que ve y lo visto, el que oye y lo oído, el pensador y lo pensado,el que siente y lo sentido. Nuestra experimentación cotidiana a través de los sentidos aparece dividida pero “la vivencia no dual” ,es decir, “vivir en lo Real en sí”, se le puede considerar la más alta meta a la que puede aspirar el ser humano.

En la meditación la atención ha de estar desnuda de cualquier intención, esfuerzo,deseo o control, características todas ellas propias del yo o ego. La teoría nos dice que ese ego no se forma en momentos de concentración, tan solo actúa una inteligencia sin dueño que ordena la acción bajo una ética natural, pero como dice mi maestro irónicamente: “ahora que ya lo saben, vayan y háganlo”.

Al Advaita se la conoce como la Vía Directa, ya que es la atención pura en el presente, el único medio utilizado donde los condicionamientos psicofísicos no requieren ser tenidos en cuenta y que se renueva en la historia gracias a referentes como Ramana Maharshi, Nisargadatta, Krishnamurti o Jean Klein en el siglo pasado. A día de hoy hay un resurgir neo-advaita que intenta actualizar la ortodoxia advaita a parámetros occidentales. Dos de los grandes maestros de hoy en día para mi son Sesha, que ha mapeado magistralmente los estados de conciencia que se van dando conforme las fronteras perceptivas van variando hasta la simultaneidad sujeto-objeto, y Rupert Spira, un gran analista de la experiencia como base de lo no-dual.

AdvaitaLa práctica de la meditación es el “sadhana” del Vedanta, es decir, es el medio para que broten los estados de “pratyahara”, “dharana”, “dhyana” y “samadhi”, según lo estableció Patanjali y que Sesha denomina “concentración dual”, “concentración no-dual”, “meditación” y “samadhi”. Estos se dan en dos ámbitos muy concretos en función de la actividad de los cinco sentidos: la atención será externa, cuando éstos están activos y se posan en lo que acontece en el mundo. De esta manera, desaparece la información subjetiva del sujeto observador. La práctica será interna al clausurar los sentidos y posar la atención en la observación de las fluctuaciones mentales que terminan por desaparecer y como consecuencia, emana de ese vacío, el conocer que acaba conociéndose por medio de su solo conocer. En ambos casos, exterior o interior, los hábitos que nos conforman de lo que creemos y sentimos que somos han de quedar en un estado potencial. Se produce una variación en las fronteras cognitivas conocedor-conocido. Todo se integra en un solo campo no-diferenciado de Ser, Saber y Amor simultáneo, eterno e infinito. Se revela un único conocer sin atributos, sólo ese saber que sabe lo que és, Conciencia.

Durante muchos tiempo este ha sido el marco teórico donde he desarrollado el estudio, la reflexión y la práctica de la atención presencial como referencia para esa indagación de la Verdad y para también hacer frente a los embates que se iban sucediendo en la vida. En mi primer periodo de práctica meditativa la observación interior de los pensamientos fue relativamente sencilla, bastaba con cobrar una distancia interior para que estos cesasen, pero volvían una y otra vez y la estabilidad interior se iba de nuevo hacia un atrás no-localizado. Llegaba el vacío y de nuevo regresaban los pensamientos, incluso con más fuerza que antes pero volvía a observarlos con atención.

Transcurrieron muchos años siempre en el intento, en la espera ecuánime de lo que aconteciera, en la aceptación impersonal de lo que surgiera fuera y dentro de mí, en la expectativa sin expectativa. Siempre en el filo de la paradoja hasta que finalmente se aprende que para entrar en “el reino de la nada y del todo” cualquier pequeño ropaje psicológico es suficiente para impedir traspasar el umbral a lo infinito. Y así fue, hasta la más absoluta desesperación, sin olvidar que el destino vino también para mostrarme su parte más emocional. El “Family Yoga”, como lo llama R. Spira graciosamente, hizo de mí una argamasa nada atenta de pensamientos, emociones y cuerpo dolorido buscando ser calmado. La vida en vivo y directo. Un periodo en el que hubo algunas experiencias hermosas y profundas del Ser que dejaron una profunda huella en mí, aunque ese conocimiento no fue suficiente para calmar y trascender los hábitos cognitivos y emocionales arraigados desde tiempos sin fin, en pos de una práctica que me llevara a la realización del Brahman no-dual. Ya había aprendido a reconocer ese silencioso espacio entre dos pensamientos, pero ¿cómo observar las nieblas emocionales amorfas que inundaban el cuerpo?.

Fueron tiempos en los que no había ya una dirección clara entre las tormentas de mi mente hasta que un día, gracias a una sola frase, cambió el paradigma de la práctica: “No somos seres pensantes que nos emocionamos sino seres emocionales que pensamos”.

Razón y emociónLas implicaciones que advertía esta afirmación me mantuvieron en shock durante meses, hasta que por fín se hizo evidente su significado. Comprendí, entonces, que es la emoción la causa de nuestra forma de pensar y de lo que pensamos de nosotros mismos, del mundo y de la relación que se establece entre ellos. Bajo esta sencilla premisa, surgió un nuevo enfoque. Lo emocional dejó de estar fuera del rango de la práctica presencial y se daba la posibilidad cierta a salir del bucle repetitivo de los condicionamientos psicofísicos.

Los obstáculos que aparecen al abordar la meditación desde el enfoque advaita son múltiples; unos son comunes a muchos buscadores, otros son más personales y tienen que ver con la imposibilidad de soltar las identificaciones del ego, las sensaciones del cuerpo, las emociones, los pensamientos y las percepciones que los sentidos realizan sobre los objetos del mundo.

El entendimiento intelectual de las premisas advaitas no parecen suficientes para arrastrar al meditador a cotas de desidentificación de los diferentes sistemas. Quizá en otras épocas lejanas, la comprensión profunda de estos postulados eran suficientes para ir avanzando pero en estos nuevos tiempos, en los que la razón gobierna las mentes de los seres humanos al máximo, lo emocional se está abriendo paso para constituirse en una parte fundamental del proceso meditativo.

Después del concepto de no-dualidad, conocer la síntesis de Paco Vinagre sobre los diferentes enfoques emocionales ha sido el detonante para el cambio de paradigma que con más profundidad ha penetrado en mi meditación y en mi vida. Son complementarias, como las dos caras de una moneda, una apunta al vaciado de los condicionamientos psicofísicos y la otra apunta a lo metafísico trascendental. Según este modelo, un pensamiento es el resultado de una emoción que, a su vez, es la consecuencia del etiquetado que hace la mente de las sensaciones físicas cuando el cuerpo contacta con los estímulos exteriores del entorno a través de los sentidos. Un individuo para conformarse como un todo coherente e integrado recoge la información externa en el cuerpo y comunica a la mente su estado. La mente la convierte en emociones sentidas, que a su vez, activan el intelecto para la toma de decisiones que acaban por perfilar una personalidad con un comportamiento específico.

Este esquema, que parece tan lineal y simple, se complica cuando entran en el juego cognitivo los sentimientos y, sobre todo, el que se apropia de toda esta estructurada personalidad como dueño y señor, es decir, el vilipendiado ego. A lo largo de la historia, todas las tradiciones místicas han tratado de eliminar al ego por considerar que era el causante de la caída del ser humano desde el “paraíso”, cuyas consecuencias son manifestadas a todos al observar a donde nos han llevado las religiones.

Incluso la ciencia aún no ha localizado la existencia de un yo-separado en el procesamiento cerebral como identidad. La explicación ya la dieron desde antaño los sabios que buceaban en los laberintos del mundo interior: el ego no existe. Sesha habla del ego como el nombre que le damos a la resultante de la intersección de todos los hábitos que quedan ilusoriamente contenidos en un yo inexistente. Rupert Spira se refiere a un océano que no tiene agua, porque el océano es agua. El océano sólo existe como un nombre,luego, no podemos matar a un ego que no existe, aunque así lo han abordado muchos de los que se llaman a sí mismo maestros pero que aún no han tenido la visión de lo inefable.

Neti NetiAquí de nuevo nos encontramos con la suma paradoja a la que se enfrenta todo advaitín: ¿cómo podemos realizar lo no-dual vivo en nuestra experiencia sin que haya nadie que lo haga?, ¿cómo andar el camino del no-camino? El Vedanta ortodoxo ofrece como receta el ”Neti neti”; Ramana Maharshi recomendaba la pregunta “¿quién soy yo?”; Nisargadatta se centraba en el “Yo soy”; Shesa, en la atención continua en el presente. Me atrevo a señalar que quizá la liberación emocional sea una respuesta más acorde con estos tiempos. Vivir en la ignorancia significa vivir desde el esfuerzo de mantener un yo ilusorio, cuya causa ha sido la formación con el paso de los años de una armadura emocional que nos constriñe; en una personalidad llena de hábitos que nos hacen sufrir y de los que es muy difícil escapar, pero ¿y si fuera más sencillo salir de un trauma, de un miedo, de la desesperación o de la voluntad egoica de lo que hasta ahora hemos creído? ¿Qué perdemos por intentarlo?

Este modelo de liberación emocional, expuesta por Paco Vinagre, fija la atención en las sensaciones del cuerpo cuando una emoción o sentimiento está activado. Simplemente con una relajación física conseguimos que esas tensiones o bloqueos, que habían quedado memorizados, se vayan soltando, llevándose consigo parte de la carga emocional. Por lo tanto, al practicar la meditación interior seguimos la traza desde los pensamientos a la causa emocional y de ahí a las sensaciones corporales. Una vez ahí, relajamos la tensión que ocupa esa zona mediante cualquier técnica de relajación, por ejemplo, realizando respiraciones profundas. Sentiremos, entonces, una descarga de la tensión física y ,de nuevo, al examinar el estado de la mente nos daremos cuenta de un espacio cognitivo de vacío. A ese lugar se le denomina “concentración dual” puesto que sólo existe el conocedor puro y un vacío de objetos mentales. Es la antesala para los siguientes estados perceptivos.

Aplicando unas sencillas técnicas de relajación corporales sobre las tensiones detectadas vinculadas con emociones y sentimientos, éstas van decreciendo o transformándose en otras, la línea de pensamientos empieza a cambiar, la tranquilidad y la paz van apareciendo, el comportamiento cambia así como el contexto exterior.

Esta liberación de las emociones no genera nuevos hábitos egoicos que los sustituyan, ni refuerza el sentimiento del ego ya vaciado de las tensiones con las que estaba constituido. Empieza una apertura repleta de paz que se va reflejando en una presencialidad continua e intuitiva. He aquí donde la irrupción espontánea de los diferentes estados mentales puede tener lugar conduciendo a todos los sistemas del individuo a una cognición no dual sin nadie que la guíe más que la propia conciencia.

A día de hoy recorro esta nueva perspectiva. Busco la integración del cuerpo y las emociones para que al detectarlas se produzca su liberación y consecuentemente, la desidentificación, mi gran objetivo.

La desesperación y resignación han dejado de estar en mi praxis así como aquel sufrimiento existencial tan desgarrador de los inicios; tampoco hay esperanza, ni expectativa de un futuro diferente, por ahora todo transcurre en una tranquilidad confiada.

¿Y sí la liberación emocional memorizada en el cuerpo fuera la llave del tesoro oculto ?

Algunos sabios, que han descorrido los velos de la ignorancia de quien somos realmente, han hablado de Eso que ni las palabras rozan. Muchos de ellos optaron por el silencio y guardarse en soledad, otros crearon linajes y comunidades, actualmente, en estos tiempos de Kali Yuga,en que lo emocional ya ha traspasado el umbral del proceso cognitivo, es momento de comprender el lugar correcto que debe ocupar la emoción y razón. Liberar así, el sufrimiento individual y colectivo acumulado hasta hoy y dejar que la sorpresa y el asombro nos descubra el secreto perenne de la Felicidad que ya somos.

Mikel Bildosola, alumno del Curso on-line de formación para ser terapeuta 2018-19.

 

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