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" Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender. "
Herbert Gerjuoy, citado por Toffler en El shock del futuro

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Metamorfosis Emocional

 

¿Cuál es el límite del cerebro?

Estimulación Transcraneal por Corriente DirectaAunque los resultados que obtenemos con el proceso terapéutico de Libertad Emocional son ya impresionantes, siempre estamos intentando mejorarlo incorporando nuevas técnicas y procesos. Una de las "ideas locas" que debatimos de vez en cuando es el desarrollo de una "máquina de libertad emocional" que haga un barrido de los recuerdos del cerebro mientras estimula la respuesta de relajación innata. De este modo, se produciría un proceso automático de liberación de las emociones estresantes contenidas en los recuerdos saltándonos las principales complicaciones de la terapia: tratar con los mecanismos de defensa subconscientes.

Pues parece que nuestra "loca idea" no está tan lejos de la realidad tecnológica actual. La estimulación transcraneal por corriente directa (ETCD: aplicación de corrientes eléctricas moderadas en la cabeza para estimular grupos neuronales) parece ser capaz de de mejorar las capacidades de aprendizaje y atención en situaciones normales, combatir las consecuencias de la falta de sueño en la actividad cerebral, puede hacer a alguien más lógico, mejorar su capacidad matemática, aumentar su fuerza física y velocidad, e incluso influir en su habilidad para hacer planes, su tendencia para asumir riesgos o la capacidad de engañar.

Todos estos estudios muestran que la capacidad del cerebro puede mejorarse, pero nos surge la duda de si es necesaria la ayuda de un sistema externo de apoyo, porque el cerebro no sería capaz de conseguirlo por si mismo. Teniendo en cuenta que en uno de los experimentos se trabaja con corrientes revertidas para inhibir el córtex frontal, la zona donde se generan las críticas, produciendo una mejora de un 250% en la velocidad de aprendizaje, no sería descabellado pensar que el problema se reduce a que hay demasiado "ruido de fondo" de procesamientos inhibiendo el potencial total del cerebro. Ese ruido mental es controlable mediante procesos de meditación que relajan la respuesta emocional. Por tanto, creemos que si la "máquina" se centrase en liberar las emociones que provocan el ruido de fondo, sería posible desbloquear el potencial completo del cerebro permanentemente, de una sola vez y sin necesidad de asistencia exterior continuada. El gran salto evolutivo consciente.

Artículo original en esmateria.com 

 

06/08/2014 por Emma Young 

La aplicación de corrientes eléctricas moderadas en la cabeza podría hacer desaparecer el dolor, ayudar a mejorar la memoria o la fuerza física, y también la capacidad de atención. Las fuerzas militares estadounidenses son las primeras del mundo en investigar sus aplicaciones prácticas en la batalla

Este reportaje fue publicado originalmente en inglés bajo licencia CC-BY en Mosaic, una iniciativa de la Wellcome Trust. Ha sido traducido por Diego Zaitegui.

En el verano de 2010, Ryan Clark se torció un tobillo en una clase de gimnasia. Fue doloroso, aunque  sobre todo incómodo.  Tras una semana con muletas su tobillo se curó. Sin embargo, seis semanas más tarde, el dolor volvió, sólo que esta vez, fue mucho peor. Ryan acabó necesitando una silla de ruedas, incapaz de soportar el dolor que le provocaba caminar. Los medicamentos y la rehabilitación le ayudaron y tras 6 semanas ya estaba recuperado. Volvió a hacerse daño dos veces más y cada pequeño accidente le provocaba terribles dolores. “Eran los golpes típicos de un niño de 9 años”, apunta el padre de Ryan, Vince, “pero en  él eran muy graves. El dolor era tan grande que temblaba. Sus músculos colapsaron. Llegó a tener espasmos en todo el cuerpo y a retorcerse en el suelo.” Finalmente, Ryan fue diagnosticado con el síndrome de dolor regional complejo, un trastorno que afecta a uno de cada millón de niños de su edad.

Vince Clark, quien dirige el Centro Clínico de Neurociencia y Psicología  de la Universidad de Nuevo México en Albuquerque (EEUU), se volcó en el estudio de este síndrome con el fin de poder ayudar a Ryan. Los medicamentos convencionales contra el dolor no habían conseguido ningún alivio, así que Clark comenzó a buscar soluciones en  la investigación que estaba llevando a cabo en su laboratorio. Conocida como estimulación transcraneal por corriente directa (ETCD) consiste en la aplicación de corrientes eléctricas moderadas en la cabeza.

La ETCD pertenece al  grupo de técnicas conocidas como “estimulación cerebral  no invasiva” porque no implican cirugía. Es todavía una técnica en fase experimental, pero ya en 2010 prometía ser efectiva no sólo como forma de aliviar el dolor sino también como potenciador de la actividad cerebral, de la memoria y de la capacidad de atención en personas sanas. El Departamento de Defensa de los Estados Unidos (DoD) se interesó en esta técnica por su potencial militar. Cuando Ryan enfermó, Clark ya había llevado a cabo investigaciones financiadas por el DoD en las que estudiaban  sobre esta cuestión, y había conseguido importantes resultados.

En la década de los 60, los científicos concluyeron que la  ETCD, que requiere corrientes eléctricas hasta mil veces más bajas que las utilizadas en la terapia de electroshock, podía afectar  a la “excitabilidad” de las células y ayudar en depresiones severas. Si bien,  como los medicamentos parecían más efectivos en los tratamientos psiquiátricos, la ETCD fue descartada.

Más tarde, en los 80, la terapia de electroshock resucitó. Quedaba claro que era efectiva en pacientes con depresión severa que no respondían al tratamiento con medicamentos.  Más o menos por entonces, crecía el interés en algo llamado estimulación magnética transcraneana (EMT). Un paciente que recibe EMT permanece sentado y muy quieto mientras una vara dispuesta sobre su cráneo emite un campo magnético que penetra en su cerebro. El EMT puede aliviar la depresión y también ayudar en la rehabilitación tras un derrame cerebral o una lesión en la cabeza.

En el año 2000, Michael Nitsche y Walter Paulus de la Universidad de Göttingen, Alemania, anunciaron que la ETCD podía alterar la respuesta de los pacientes a la estimulación magnética. Mientras que la EMT estimula la sinapsis de las células cerebrales, la ETCD “prepara el bombeo”, tal y como Michael Weisend, un colega de Clark, lo describe, haciendo más fácil que una célula comience a sinaptar en respuesta a un estímulo.

El interés de los neurocientíficos en la ETCD resurgió gracias a los estudios de Göttingen. Pero lo que realmente lo mantuvo fueron los felices descubrimientos que indicaban que la ETCD podía cambiar el funcionamiento cerebral no sólo en pacientes, si no también en personas sanas, las cuales habían sido incluidas en los experimentos sólo como grupo control.  Este trabajo fue muy influyente, según Clark. Los investigadores comenzaron a investigar el potencial de la ETCD para estimular cerebros sanos.  Los primeros resultados demostraron que podía mejorar la capacidad de aprendizaje y la memoria. Otros equipos de investigación estudiaron la ETCD y su capacidad en el tratamiento del dolor. Como muchos otros colegas, Clark lo encontró fascinante.