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Los árboles se "hablan"

Bosque húmedoTodos hemos sido educados en la visión competitiva y agresiva de la Naturaleza, que nos lleva a entender que todos los seres vivos son egoístas y que luchan por su supervivencia. En verdad esto no es más que una fábula desarrollada en el siglo XIX para justificar la injusta realidad social de la época. Las investigaciones no contaminadas con la visión capitalista muestran desde hace mucho tiempo que la Vida se desarrolla por cooperación entre organismos, de tal modo que, por ejemplo, sería imposible la existencia de los humanos sin esa simbiosis.

En el breve artículo que te presentamos, se ofrece información que refuerza este paradigma: los árboles se cuidan unos a otros compartiendo información, protección, apoyo y alimentos a través de una densa red que les conecta bajo tierra. Pero, aún así, desde nuestra visión antropocéntrica, no podemos más que hacer de menos la importancia de esta evidencia, como nos recuerdo el doctor Richard Forteyno son Ents (los fantásticos árboles parlantes de "El Señor de los Anillos").

No, no lo son y no lo necesitan. Los árboles son seres vivos que sienten y se comunican. Somos nosotros los que tendremos que hacer evolucionar nuestra imagen reduccionista de la Naturaleza para aceptar que existen otros medios de relación muy diferentes al nuestro e incluso otros tipos de consciencia.

Artículo original iniciativadebate.net

Jaime Manzano | Nueva Tribuna | 04/05/2018

¿Redes sociales en los bosques? Sí, así lo propone Peter Wohlleben en su libro “La vida secreta de los árboles“, que volvió a poner a los árboles en el centro de atención hace poco tiempo. El autor de este libro creció en las décadas de los 60 y los 70 en la ciudad de Bonn, Alemania, pasando una gran cantidad de tiempo al aire libre. Tras realizar sus estudios en silvicultura, empezó a trabajar para el estado alemán en tareas de pulverización y eliminación de árboles viejos en la zona de Colonia. Esta actitud destructiva hacia los bosques le hizo replantearse su perspectiva sobre los mismos.

Con el tiempo, empezó a observar los comportamientos de los árboles y halló interesantes características. Se dió cuenta de que los árboles funcionan mucho más como entes sociales que como agentes individuales: los árboles trabajan en redes y comparten recursos para así aumentar su resistencia.

Basado en sus propias observaciones y en investigaciones científicas conocidas desde hace tiempo por los biólogos, Wohlleben afirma que los árboles son seres sociales capaces de contar, aprender y recordar. Son también capaces de cuidar de árboles vecinos enfermos, así como alertar de peligros a través de una red fúngica (“red de micorrizas”) conocida como ¨Wood Wide Web”. Por razones aún desconocidas, también son capaces de mantener vivos durante siglos los restos de árboles ya caídos, alimentándolos a través de las raíces con una solución de azúcar.

En las plantaciones artificiales de Alemania, tradicionalmente se deja espacio entre los árboles cuando se plantan para asegurar así que obtengan la cantidad adecuada de luz y crezcan más rápido. Se ha visto, sin embargo, que separarlos demasiado puede desconectarlos de sus redes comunales, disminuyendo así ciertos mecanismos innatos de resiliencia. Este hecho llamó la atención de Wohlleben y le hizo interesarse por aproximaciones alternativas a la silvicultura. Esto le llevó a montar proyectos alternativos para el mantenimiento de los bosques, principalmente para reducir la tala descontrolada, y propuso iniciativas cómo cambiar maquinarias pesadas de tala por caballos para no dañar el suelo de los bosques.

Cuando la municipalidad le concedió el permiso para llevar al cabo sus proyectos, Wohlleben empezó a dejar crecer el bosque de una manera más salvaje, parando la utilización de insecticidas e introduciendo caballos para la tala. Esto se tradujo pronto en ganancias, debido a la disminución del coste que suponía la maquinaria y los pesticidas sustituidos.

Todas estas experiencias le llevaron a la publicación de su libro, cuyas afirmaciones han sido puestas en duda por algunos biólogos. Su claro lenguaje antropomórfico crea confusiones, por ejemplo decidir que los árboles “hablan” en vez de comunicarse, o decir que “amamantan a sus hijos”, hace pensar que los árboles tienen emociones casi humanas. Aunque son seres increíblemente complejos, cómo asegura el doctor Richard Forteyno son Ents.