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¿De verdad tenemos que morir?

Ratón transgenicoEn los diferentes talleres y cursos que realizamos, el tema de la enfermedad y la muerte es recurrente. Y los asistentes se suelen descolocar cuando se les informa de que cabe la posibilidad, a través de la consciencia, de que el cerebro transcienda su programación biológica y borre el programa "hay que morir".

El envejecimiento es un procesno entendido completamente, pero nuestras creencias nos impiden verlo como algo puramente biológico y modificable. Parecería que aceptamos que haya un "destino superior" que nos condenase a fenecer. Esa falta de comprensión se observa leyendo los diferentes enfoques que tienen diversos científicos sobre el tema. Cada uno analiza el problema desde su campo y llegan a conclusiones tan contradictorias como:

 «Haber considerado que el envejecimiento era algo natural ha evitado que durante mucho tiempo la ciencia estudiara cómo evitarlo. [...] Pero era una barrera mental, no científica»

 María Blasco

«Envejecer no es inevitable, no está programado en la vida de los organismos» 

Manuel Serrano

«El envejecimiento se curará en las próximas décadas [...] Acabaremos así con la enfermedad que causa las dos terceras parte de muertes en todo el mundo, la vejez, y podremos vivir varios siglos con salud. [...] Somos como un coche, y si aprendemos a reparar la estructura, podremos funcionar indefinidamente»

Aubrey De Grey

«presenciaremos la muerte de la muerte (no la inmortalidad) [...] porque si te cae un piano en la cabeza, morirías. Lo que se cura es el envejecimiento».

Jose Luis Cordeiro

«Lo que vivimos después de los 35 ya es de regalo desde el punto de vista de la evolución. [...] No hay ningún gen diseñado para que envejezcamos. El ser humano está previsto que muera poco después de tener a sus crías. A medida que alargamos la vida, nuestro organismo se enfrenta a enfermedades para las que no hemos desarrollado nuestro sistema inmune. Hace 40 años el alzheimer no era un problema, pocas personas sobrevivían para sufrirlo».

Óscar Fernández-Capetillo

«Que fuera posible vivir hasta los 200 años no quiere decir que la gente quiera [...] Hay gente mayor que se cansa de vivir porque le falta motivación, muchos rechazarían la idea de vivir para siempre».

Elkin Oswaldo Louis García, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de Navarra

Si aplicamos el enfoque emocional a las citas anteriores, es posible darles una coherencia.

El envejecimiento celular se produce por la adaptación a la que les obliga el estrés crónico y, claro está, que cuantos más años vivas más estrés acumularás, si no desactivas la programación emocional del estrés. Además, si no lo haces empezará a desaparecer la ilusión por que sucedan cosas sorprendentes en tu vida, ya que, los patrones te inducirán a pensar que en el futuro solo te esperan los mismos sufrimientos. Por tanto, no habrá deseo de vivir tanto tiempo. Pero al igual que el cuerpo es capaz de sanar, el mismo, de la enfermedad y regenerarse (pídele a un coche que haga eso Guiño), tus expectativas y la manera de disfrutar la vida cambia según te deshaces de las estructuras mentales antiguas. Este conocimiento y su aplicación diaria abre las puertas a un nuevo futuro para la humanidad, un futuro de disfrute e ilusión en el que la muerte será solo una opción voluntaria

Artúculo original de El Mundo

La ciencia contra la muerte: vas a vivir 140 años

  • Marta García Aller, 29/05/2016 03:21


Claro, que no es lo mismo explorar el secreto de la eterna juventud en un laberinto a orillas del Nilo que en un laboratorio madrileño donde se cultivan ratones transgénicos. La inmortalidad ya no es lo que era. Ahora su búsqueda transcurre entre probetas, bajo una aséptica luz blanquecina muy poco poética. Eso sí, nunca ha estado tan cerca.

Esta historia debería comenzar en el jardín de Tebas, un poco antes del alba, con la luna del color de la infinita arena. O, mejor aún, en un anticuario londinense donde un hombre consumido y terroso, de barba gris, la custodiara en un manuscrito olvidado. Porque para que la vida eterna resulte creíble habría que contarla como Jorge Luis Borges en El Inmortal.

Por eso esta historia comienza en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) donde nació Triple, un ratón transgénico capaz de vivir un 40% más de lo normal. Lo creó María Blasco, bióloga molecular y una de las mayores expertas del mundo en la investigación contra el envejecimiento. Y bajo esta luz blanquecina, gracias a la manipulación genética, Blasco logró que Triple estuviera sano todo ese tiempo. Este superratón sería el equivalente a que un humano viviera joven más de 140 años.

«Haber considerado que el envejecimiento era algo natural ha evitado que durante mucho tiempo la ciencia estudiara cómo evitarlo», dice Blasco, una mujer energética que aparenta cuarenta y pocos, de piel clara y pelo negro, que habla con entusiasmo y se mueve muy deprisa. «Pero era una barrera mental, no científica». Triple es la prueba.

No envejecer siempre ha preocupado a los mortales, pero no a la ciencia. No hasta hace bien poco. Cuando María Blasco empezó sus experimentos, a principios de los 90, el envejecimiento era un área de estudio aún denostada en la biología. Ahora la longevidad se ha convertido en uno de los temas centrales del próximo siglo.

'Triple' es un ratón transgénico que vive un 40% más, como un humano que cumpliera 140 años sin envejecer

«Hasta hace poco tenía algo de esotérico, pero en la última década se ha empezado a trabajar en ello al más alto nivel», explica Blasco sentada en su despacho del CNIO, donde cuelga el dibujo de un ratoncito en honor a Triple.

Haber aumentado un 40% la longevidad en estos pequeños mamíferos hace pensar que podría, en un futuro, aplicarse en humanos. «En personas aún no tenemos idea de cuánto se alargaría la vida con esta estrategia, porque nosotros envejecemos mucho más despacio que los ratones. Tal vez sería mucho más del 40%... Tal vez el doble», comenta.

Así que nada de Santo Grial. Este es el relato actualizado de la búsqueda de la eterna juventud con roedores. Las pegas son meramente narrativas, no biológicas: el ser humano comparte con los ratones el 90% de los genes. «Son muy parecidos a nosotros», recuerda Blasco.

Frenar el envejecimiento también se ha convertido en una de las obsesiones de Silicon ValleyPeter Thiel, cofundador de PayPal, asegura que gracias a los avances científicos en los que está invirtiendo vivirá 120 años. Modesto objetivo comparado con los planes de Google, que aspira directamente a curar la muerte. Para ello el gigante tecnológico ha creado Calico (California Life Company), una empresa en la que se han invertido cientos de millones de dólares a la que rodea el máximo secretismo.

También en California está Human Longevity. La fundó en 2014 el pionero de la genómica, Craig Venter, y ha recaudado 300 millones de dólares en sus dos primeros años de trabajo. Descifrará el genoma humano de cientos de miles de personas de forma industrial para crear una gran base de datos. A medida que se vayan secuenciando genomas, y se analicen con big data, se entenderá mejor por qué unas personas viven más que otras.

«Estudiando cómo prevenir el envejecimiento aprenderemos a tratar enfermedades asociadas a él que hasta ahora carecen de tratamiento efectivo», explica Blasco. «Hasta ahora, el que quería encontrar una cura para el alzheimer, estudiaba sólo a pacientes con esta enfermedad. Y lo mismo con el cáncer, el parkinson o las enfermedades cardiovasculares... Pero igual que las enfermedades infecciosas se combaten atacando los virus o bacterias que las producen, ¿por qué no atacar el agente causal de las enfermedades asociadas a la edad? Cuando entendamos por qué envejecemos, viviremos muchos más años y mucho más sanos».

«Envejecer no es inevitable, no está programado en la vida de los organismos», afirma Manuel Serrano, director del Programa de Oncología Molecular del CNIO. «¿Por qué vamos a aceptarlo si no aceptamos un virus o una infección?». Serrano tiene para explicarse una gráfica de la supervivencia de los humanos hasta hace 10.000 años que muestra que la vida media estaba entonces en los 15 años. «Algunos llegaban, de manera extraordinaria hasta los 30. Aquí [señala el Neolítico] no se envejecía, ni se tenían enfermedades. Los vivos estaban muy sanos porque la principal causa de muerte era el hambre, el frío y la violencia. No se morían de cáncer porque no vivían para desarrollarlo».

El biólogo ha utilizado esta gráfica en su presentación en un simposio de Filosofía al que fue invitado para hablar de la longevidad. «Muchos filósofos me decían allí que el envejecimiento es inevitable, algo natural. Y utilizaban la palabra natural como si fuera una diosa... ¿Natural? En la Naturaleza no hay animales viejos, cuando algo les falla no hay espacio para ellos».

"Somos como un coche: si aprendemos a reparar nuestra estructura, podremos funcionar indefinidamente"

¿Por qué envejecemos? Los científicos aún no tienen respuesta. Están en ello. Blasco ha probado que una de las causas es la pérdida de telómeros, algo que ella explica comparándolo con la punta que protege el extremo de los cordones pero para las células. Cuanto más largos sean nuestros telómeros, más tiempo vivimos, pero a medida que envejecemos se van acortando. «Aumentando la cantidad de telomerasa en el organismo adulto, podemos alargar la vida y mantenerlo (al ratón) joven y sano durante más tiempo», explica Blasco.

El CNIO fue el primero en probar con su terapia génica que se puede revertir el envejecimiento en estos pequeños mamíferos. Envejecer ya no es, por tanto, irreversible. «Si lo alteramos genéticamente, lo podemos retrasar. Pero no se trata de alargar la vejez, sino la juventud: sería como llegar a los 80 años con la vitalidad y el aspecto de los 40», insiste la directora del CNIO, que acaba de publicar el libro Morir joven, a los 140 (Editorial Paidos, 2016), junto a la periodista Mónica B. Salomone.

Blasco insiste en que su trabajo no tiene nada que ver con la inmortalidad. Su equipo busca aplicar sus descubrimientos a terapias concretas, enfermedad por enfermedad. No busca aumentar la longevidad, sino la salud: «Salvar vidas es lo más urgente». Sin embargo, a largo plazo, reconoce que con sus hallazgos se podría ir más allá: «Si funcionaran estas terapias con los enfermos, se abriría la puerta para tratar a personas sanas y prevenir esas enfermedades de manera prematura». Y, entonces sí: «En tercera línea de prioridades, podría abrir la puerta a un tratamiento para alargar la vida de personas sanas».

Pero esto es mucho adelantar. Aún no se puede aplicar la terapia génica de Triple a los humanos. Y por eso es tan relevante la discusión sobre si envejecer es o no algo natural. La conclusión tiene un trasfondo jurídico que determina la legislación. Mientras siga creyéndose inevitable, si se descarta la vejez como enfermedad, no pueden hacerse ensayos clínicos para tratarla. Sólo patologías concretas.

Además de la terapia génica, también se están haciendo avances serios en la vía farmacológica. En un futuro, podrían desarrollarse fármacos antienvejecimiento con moléculas como la espermidina, la metformina, la rapamicina y el resveratrol. La candidata favorita a convertirse en la píldora de la juventud es la metformina. No es un compuesto nuevo. Hace más de 50 años que se usa en el tratamiento de diabetes, pero varios estudios han demostrado que los pacientes que la toman sufren menos cáncer, demencia y enfermedades cardiovasculares.

Hace unos meses la Agencia Norteamericana del Medicamento (FDA) autorizaba el primer ensayo clínico en humanos, el primero en el campo del antiedad. Servirá para demostrar si la metformina «rejuvenece» a 3.000 voluntarios de entre 70 y 80 años. Al presentar la propuesta, Nir Barzilai, director del Albert Einstein College de Nueva York, esquivó el concepto envejecimiento para que la FDA no le echara atrás el estudio. En la próxima década se conocerán los resultados.

Otro de los compuestos que podría convertirse en un fármaco antienvejecimiento es la rapamicina, una sustancia descubierta en una expedición científica de los años 70 en la Isla de Pascua. El National Institute of Ageing de EEUU demostró que la rapamicina alarga la vida de los ratones un 13%. Ahora, la Universidad de Washington la está probando con perros y, según The New York Times, los primeros resultados son esperanzadores. Eso sí, aunque a rapamicina lleva décadas utilizándose para ayudar a pacientes con trasplantes como supresor del sistema inmune, aún no se ha probado aún en humanos como fármaco antiedad.

La inmortalidad se lleva buscando desde hace miles de años. Mucho antes de que Google se pusiera a ello, el emperador de China, Qin Shi Huang, hacia el 200 a.C. creyó que le salvarían de la muerte unas píldoras de mercurio que al final lo mataron. El Papa Inocencio VIII pensaba que unas transfusiones de sangre de unos muchachos jóvenes y sanos le garantizarían la inmortalidad. Por entonces no se conocían los tipos sanguíneos y el experimento también lo mató. Mucho más reciente y conocida es la obsesión por la eternidad de Kim Il Sung, abuelo del actual presidente de Corea del Norte, quien creía que recibiendo transfusiones de sangre de veinteañeros que eran alimentados de un modo especial viviría 100 años. Murió a los 82.

Pero no hace falta ser emperador ni Papa ni millonario, ni esperar que lleguen las píldoras del futuro, para alargar la juventud. La ciencia ya ha demostrado un método efectivo para quien quiera vivir más. La clave es la restricción calórica, el ejercicio constante y la reducción del estrés.

"Envejecer no es inevitable. ¿Por qué lo aceptamos si no aceptamos un virus?", dice un experto español.

«No hay una sola cosa que causa el envejecimiento», explica Blasco. «Hasta los 70 años el modo de vida influye más que los genes para determinar si vas a llegar sano o no a esa edad (si fumas, la alimentación...). A partir de ahí, ser o no centenario depende de si tienes unos genes fantásticos». El 80% de los factores que determinan el envejecimiento son ambientales y un 20% genético.

Cada especie tiene su horizonte vital. Un gusano vive semanas; una rata, tres años; las ardillas, 25; y las tortugas hasta 500. Pero no todo lo que nace, envejece y muere. Según el biólogo Daniel Martínez hay un organismo inmortal: la hidra. En 1998, publicó en Experimental Gerontology que este bicho invertebrado de unos pocos milímetros no mostraba signos de envejecimiento. La mayoría de las células del cuerpo de las hidras son células madre, capaces de dividirse y convertirse en cualquier otra. En 2010, con el boom de los estudios anti-ageing, Martínez recibió 1,3 millones de dólares del National Institute of Health estadounidense para estudiar los secretos de la hidra.

¿Y los humanos? «Lo que vivimos después de los 35 ya es de regalo desde el punto de vista de la evolución», afirma Óscar Fernández-Capetillo, investigador del CNIO. «No hay ningún gen diseñado para que envejezcamos. El ser humano está previsto que muera poco después de tener a sus crías. A medida que alargamos la vida, nuestro organismo se enfrenta a enfermedades para las que no hemos desarrollado nuestro sistema inmune. Hace 40 años el alzheimer no era un problema, pocas personas sobrevivían para sufrirlo».

En 1920, se afirmaba que era imposible superar la media de 65 años de vida. Según James Vaupel, uno de los biodemógrafos más prestigiosos del mundo y director del Instituto Max Planck de Investigación Demográfica de Alemania, ya no se vislumbra límite vital. El récord de longevidad lo tiene Jeanne Clament, una francesa que vivió 122 años.

Hasta el siglo XVIII, la esperanza de vida se había mantenido más o menos invariable durante milenios. En el siglo XX, ha aumentado tres meses por año. Y si hace un siglo la esperanza de vida en España era de 35 años, ahora ronda los 80. Suponiendo, que es mucho suponer, que no prospere ningún avance disruptivo (como la penicilina en los años 30), vivir 100 años ya será habitual a finales del siglo XXI.

Otros van mucho más lejos. «El envejecimiento se curará en las próximas décadas», afirma Aubrey De Grey, el gerontólogo que dirige la fundación Estrategias para la Senescencia Negible (SENS). «Acabaremos así con la enfermedad que causa las dos terceras parte de muertes en todo el mundo, la vejez, y podremos vivir varios siglos con salud».