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Des-enseñemos a las niñas la necesidad de perfección

La perfección es aburridaEsta charla de Reshma Saujani nos resultó muy clarificadora sobre algo que le sucede a muchas chicas en nuestra sociedad. Son educadas en la perfección y quedan atrapadas en su trampa auto-limitadora. Llegando a paradojas como que a nivel del 5ª grado, las chicas sobrepasan a los chicos rutinariamente en todas las materias, pero que las niñas brillantes se dan por vencidas rápidamente, y cuanto más alto su CI antes, porque piensan que "hay un problema conmigo". O que según un reporte de HP se encuentre que los hombres solicitan un empleo si cuentan con sólo un 60% de las cualificaciones requeridas, pero las mujeres lo solicitan sólo si reúnen el 100% de las cualificaciones. El diagnóstico del problema es muy claro, pero no creemos que sea así la solución que se propone: "Enseñemos a las niñas valentía, no perfección"

La necesidad de perfección proviene del miedo: del miedo a ser rechazada por "no ser lo suficiente". Y una vez el miedo anida en ti, lo que más proyectas hacia los demás es inseguridad, haciendo muy difícil que generes confianza en el otro. Valentía es sinónimo de coraje y coraje es sinónimo de rabia. La rabia es la herramienta biológica básica que nos sirve para sobreponernos al miedo, pero genera estrés. Y cuando estás en estrés no dispones de las mejores capacidades intelectuales o emocionales. Luego, la valentía, la rabia, no es la respuesta al problema. La solución es la liberación del miedo a no ser lo que esperan, a no valer. De este modo las chicas estarán en mejores condiciones emocionales e intelectuales que los "chicos valientes" y serán la semilla de la sociedad que deseen.

Extracto de la transcripción de la charla TED: "Enseñemos a las niñas valentía, no perfección" 

Hace algunos años, hice algo realmente audaz, o algunos dirían realmente estúpido. Me postulé para el congreso.

Durante años, existí de manera segura tras bambalinas en la política como recaudadora de fondos, como organizadora, pero en mi corazón, siempre quise participar. La diputada de turno había estado en mi distrito desde 1992. Nunca había perdido una elección, y nadie se había presentado contra ella en una elección de primarias Demócrata. Pero en mi mente, esta era mi manera de marcar la diferencia, de interrumpir el estatus quo. Las encuestas, sin embargo, contaban una historia muy diferente. Mis encuestadores me dijeron que estaba loca por postularme, que no había manera de que ganara.

Pero lo hice de todos modos, y en 2012 me convertí en una advenediza en una carrera congresional en la ciudad de Nueva York. Yo juraba que iba a ganar. Tenía el apoyo del Daily News de Nueva York, el Wall Street Journal tomó fotos mías el día de la elección, la CNBC la llamó una de las competencias más peleadas del país. Recaudé dinero de todos mis conocidos, incluyendo mis tías de la India que estaban muy contentas de que una muchacha india se postulara. Pero el día de la elección, las encuestas tenían razón, y solo obtuve el 19 % de los votos, y los mismos periódicos que dijeron que era una estrella política en ascenso ahora decían que había despilfarrado USD 1.3 millones para 6321 votos. No hagan cuentas. Fue humillante.

Ahora, no me malinterpreten, esta no es una charla sobre la importancia del fracaso. Tampoco sobre el ir hacia adelante. Les cuento la historia de cómo me postulé para el congreso porque tenía 33 años y era la primera vez en toda mi vida que había hecho algo realmente valiente, donde no me preocupaba ser perfecta.

Y no estoy sola: muchas mujeres con las que hablo me dicen que se inclinan a carreras y profesiones en la que saben que van a ser excelentes, en las que saben que van a ser perfectas, y no es para sorprenderse. A la mayoría de las niñas se les enseña evitar riesgos y fracasos. Se nos enseña a sonreír de manera bonita, a jugar seguro, sacar excelentes notas. A los niños, por otro lado, se les enseña a jugar rudo, columpiarse alto, gatear hasta la cima del pasamanos y después saltar, de cabeza. Para cuando ya son adultos, ya sea que están negociando un aumento o pidiendo a alguien una cita, están acostumbrados a asumir riesgo tras riesgo. Se les recompensa por ello. En Silicon Valley se dice a menudo que nadie te toma en serio a menos que hayas tenido dos empresas de arranque fallidas. En otras palabras, educamos a nuestras niñas para ser perfectas, y a nuestros niños para ser valientes.

Algunas personas se preocupan de nuestro déficit federal, pero yo me preocupo por nuestro déficit de valentía. Nuestra economía, nuestra sociedad, salimos perdiendo porque no educamos a nuestras niñas para ser valientes. Por este déficit de valentía las mujeres están infrarepresentadas en STEM, en juntas ejecutivas, en salas de juntas, en el congreso, y en casi en todos lados donde miremos.

En 1980 la psicóloga Carol Dweck miró como los estudiantes brillantes de 5º grado manejaban una tarea que era muy difícil para ellos. Encontró que las niñas brillantes, se daban por vencidas rápidamente. Cuanto más alto su CI, antes tendían a darse por vencidas. Los niños brillantes, por otro lado, veían el material difícil como un reto. Lo encontraban energizante. Tendían más a redoblar sus esfuerzos.

Chicos de primaria¿Qué está pasando? Bueno, a nivel del 5ª grado, las chicas sobrepasan a los chicos rutinariamente en todas las materias, incluyendo matemáticas y ciencia, así que no tiene que ver con habilidad. La diferencia está en cómo los chicos y las chicas enfrentan un reto. Y no termina en 5º grado. Un reporte de HP encontró que los hombres solicitan un empleo si cuentan con solo un 60 % de las cualificaciones, pero las mujeres, lo solicitan solo si reúnen el 100 % de las cualificaciones. El 100 %. Este estudio se invoca generalmente como evidencia de que, bueno, las mujeres necesitan tener un poco más de confianza. Pero yo creo que es evidencia de que las mujeres han sido socializadas para aspirar a la perfección, y son excesivamente cautelosas.

Y aun cuando somos ambiciosas, aun cuando estamos avanzando, esa socialización de perfección ha provocado que asumamos menos riesgos en nuestras carreras. Entonces para esos 600 000 trabajos disponibles ahora mismo en computación y tecnología, a las mujeres se las deja atrás, y eso significa que se está dejando atrás a nuestra economía y todas las innovaciones y problemas que las mujeres resolverían si fueran socializadas para ser valientes en vez de socializadas para ser perfectas.

En 2012 comencé una compañía para enseñar a las niñas a codificar, y lo que encontré es que, al enseñarles a codificar las había socializado para ser valientes. Codificar es un proceso interminable de ensayo y error, de tratar de lograr el comando correcto en el lugar correcto, a veces solo con un punto y coma haciendo al diferencia entre éxito y fracaso. El código se rompe y se desbarata, y, a menudo, requiere de muchos intentos hasta ese momento mágico cuando lo que estás tratando de crear, toma vida. Requiere perseverancia. Requiere imperfección.

Inmediatamente vemos en nuestro programa, el temor de nuestras chicas de no hacerlo bien, de no ser perfectas. Todas las maestras de "Niñas que codifican" me dicen lo mismo. La primera semana, cuando las niñas están aprendiendo a codificar, una alumna la va a llamar y le dirá "no sé que código escribir". La maestra mirará la pantalla, y verá un editor de texto en blanco. Si no supiera, pensaría que su alumna pasó los últimos 20 minutos mirando la pantalla. Pero si presiona deshacer unas cuantas veces, verá que su estudiante escribió un código y después lo borró. Trató, casi lo consiguió, pero no logró hacerlo correctamente. En lugar de mostrar el progreso que hizo, prefiere no enseñar nada. Perfección o fracaso.

Resulta que nuestras niñas son muy buenas para codificar, pero no es suficiente con solo enseñarles a codificar.

Mi amigo Lev Brie, profesor de la universidad de Columbia que enseña introducción a Java me cuenta de sus horas de oficina con estudiantes de ciencias computacionales. Cuando los chicos tienen problemas con una tarea, vienen y le dicen, "profesor, hay un problema con mi código". Las chicas vienen y dicen: "profesor, hay un problema conmigo".

Tenemos que comenzar a deshacer la socialización de la perfección, pero tenemos que combinarla con la creación de una hermandad que les diga a las niñas que no están solas.

Porque esforzarse más no va a reparar un sistema roto. No puedo decirles cuántas mujeres me dicen, "me da miedo alzar la mano, me da miedo preguntar, porque no quiero ser la única que no entiende, la única que tiene dificultades". Cuando enseñamos a las niñas a ser valientes y tenemos una red de apoyo animándolas, van a crear cosas increíbles, y esto lo veo todos los días. Tomen, por ejemplo, dos de nuestras estudiantes que crearon un juego llamado Carrera del tampón, así es, Carrera del tampón, para luchar en contra del tabú de la menstruación y el sexismo en videojuegos. O la refugiada siria que se atrevió a mostrar su amor por su nuevo país creando una aplicación para ayudar a los estadounidenses llegar a las casillas. O una chica de 16 años que creó un algoritmo para ayudar a detectar si un cáncer es benigno o maligno para ver si por casualidad puede salvar la vida de su papá porque él tiene cáncer. Estos son solo tres ejemplos de miles, miles de niñas que han sido socializadas para ser imperfectas, que han aprendido a esforzarse, que han aprendido perseverancia. Si se vuelven codificadoras o la próxima Hillary Clinton o Beyoncé, no van a posponer su sueños.

Y esos sueños nunca han sido más importantes para nuestro país. Para que la economía estadounidense, o cualquier economía crezca, para verdaderamente innovar, no podemos dejar atrás a la mitad de la población. Tenemos que socializar a nuestras niñas a estar a gusto con la imperfección, y tenemos que hacerlo ahora. No podemos esperar a que aprendan como ser valientes como yo lo hice, cuando tenía 33 años. Tenemos que enseñarles a ser valientes en las escuelas y al principio de sus carreras, cuando hay más potencial de impactar sus vidas y las vidas de otros, y tenemos que mostrarles que las vamos a amar y a aceptar no por ser perfectas sino por ser valientes. Necesito que cada uno de Uds. le digan a cada joven que conozcan su hermana, su sobrina, su empleada, su colega, que estén cómodas con la imperfección, porque cuando enseñamos a las niñas a ser imperfectas, y les ayudamos a hacer uso de ello, construimos un movimiento de jóvenes que son valientes y que construirán un mundo mejor para sí mismas y para cada uno de nosotros.

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