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El bebé deprime su sistema inmune para permitir que entren bacterias beneficiosas PDF Imprimir E-mail

Ssing Sing WayExiste en la Medicina un gran número de creencias sobre cómo funciona nuestro cuerpo, que tienden a sobresimplificar los procesos fisiológicos, o a considerar que no están perfectamente sintonizados entre ellos (la evidencia clara es la especialización extrema de la práctica médica). Estas ideas chocan frontalmente con el concepto de homeostasis, y se derivan en muchas ocasiones del "endiosamiento", considerarse más sabio que el cuerpo que da vida o el propio cerebro que crea el pensamiento.

Como caso particular podemos considerar el sistema inmune, al que se tiende a ver como un "ejercito ciego que se enfrenta a todos los invasores externos que quieren someternos y exterminarnos". Este sinsentido biológico se perpetua de generación en generación, basado en parte en las ideas eugenistas del siglo XIX y XX que contaminaron la Biología a través del Darwinismo, de donde pasaron a arraigarse en la Medicina. Los conceptos de competencia y lucha por la supervivencia están tan arraigados y dogmatizados, que obnubilan la mente científica, dejando paso a la mente mágica, que llega a afirmar que los virus tienen la "voluntad" de infectar y exterminar, cuando no son más que macrocristales. O que los genes son "egoístas", como afirma Richard Dawkins en su libro "El gen egoísta":

“El planteamiento de este libro es que nosotros, al igual que todos los demás animales, somos máquinas creadas por nuestros genes. De la misma manera que los prósperos gangsters de Chicago, nuestros genes han sobrevivido, en algunos casos durante millones de años, en un mundo altamente competitivo. Esto nos autoriza a suponer ciertas cualidades en nuestros genes. Argumentaré que una cualidad predominante que podemos esperar que se encuentre en un gen próspero será el egoísmo despiadado. Esta cualidad egoísta en el gen dará, normalmente, origen al egoísmo en el comportamiento humano”.

Afirmación que dota a otra macromolécula, el ADN, de una capacidad de los cerebros superiores, "pensar", que hemos cuestionado en los animales hasta hace muy poco. Argumentar que frases como esta son metáforas desafortunadas (si su cerebro no lo creyese, jamás hubiese elaborado esa metáfora) no hace sino ocultar la realidad del pensamiento subconsciente del autor, el que realmente nos mueve en las decisiones importantes y que será el que alcance al gran público, perpetuando la idea mágica del "egoísmo molecular" y, a la postre, humano.

Esta triste y reduccionista concepción da lugar a que grandes descubrimientos como el que te traemos a continuación: el sistema inmune del bebé está perfectamente formado al nacer solo que se autodeprime para permitir la colonización de las bacterias imprescindibles para el correcto desarollo del niño, no se enfoque de un modo holístico y se busque cómo revertir el "mal funcionamiento" del cuerpo para que afronte las infecciones, sin tener en cuenta el posible daño a las bacterias necesarias. De hecho, se conoce por lo menos otro momento en la vida del ser humano en que la depresión de la respuesta inmune es imprescindible para la supervivencia de la especie: el desarrollo de la placenta, fase en la que cuerpo emplea retrovirus endógenos humanos, de su propio ADN, inmunosuprimiendo las células maternas en la vecindad inmediata de la placenta para que no rechace al cuerpo extraño que es el óvulo en división.

Si viésemos la vida desde un enfoque de cooperación y equilibrio comprenderíamos que hay que favorecer la entrada de las bacterias simbióticas y comensales después del nacimiento del bebé mediante una lactancia materna saludable. Una madre sana, bien nutrida y sin estrés, proveerá al neonato de las bacterias para el correcto desarrollo y los nutrientes (vitaminas A, C y D) y anticuerpos necesarios para afrontar las posibles infecciones con el sistema inmunitario deprimido. Pero este tipo de intervención se basa en mejorar las condiciones de vida y sociales de las madres, lo que requiere empatía y solidaridad por parte de la sociedad. Algo imposible si hemos sido creados por esos "genes egoístas despiadados".

Otra pregunta que surge de las implicaciones de la investigación es: ¿qué sentido tiene vacunar a un sistema inmune deprimido que está aprendiendo a distinguir qué microbios son necesarios para no atacarlos? ¿No tiene efectos secundarios alterar ese equilibrio homeostático?

Te recomendamos la lectura del libro "Disolviendo Ilusiones: Enfermedades, Vacunas y la Historia Olvidada" si quieres profundizar en las posibles repuestas.

Artículo original de Nature

La resistencia a las infecciones se suprime para prevenir la inflamación de la colonización bacteriana.

Sara Reardon, 06 de noviembre de 2013

 

Como cualquier nuevo padre sabe, los bebés son notoriamente susceptibles a las infecciones bacterianas. Un estudio sugiere ahora que el cuerpo ingenia deliberadamente esta vulnerabilidad, permitiendo que los microbios beneficiosos colonicen el intestino, la piel, la boca y los pulmones del bebé. Aprender a manipular este sistema podría conducir a tratamientos para las infecciones en los recién nacidos, y tal vez incluso mejorar la forma en que los bebés son vacunados.

En el útero, el feto es aséptico. Pero desde el momento en que un bebé viaja por el canal del parto, las bacterias y los hongos comienzan su colonización. Cómo tolera el sistema inmunológico esta afluencia repentina de invasores ha sido un misterio.

Para investigar, Sing Sing Way, un pediatra de enfermedades infecciosas en el Hospital Infantil de Cincinnati en Ohio, y sus colegas compararon las células inmunes en ratones de seis días de edad con las de ratones adultos. Los ratones bebés tuvieron una proporción mucho mayor de glóbulos rojos que expresan una proteína llamada CD71. Los investigadores descubrieron que estas células suprimen la respuesta inmune mediante la creación de una enzima llamada arginasa.

Way y sus colegas le dieron a los ratones de bebé anticuerpos que causaron que el sistema inmune destruyera las células CD71 + y las eliminara de la sangre de los animales. Cuando estos ratones fueron infectados con la bacteria Listeria monocytogenes, que puede causar infecciones graves en los seres humanos recién nacidos, el sistema inmune de los animales con éxito se defendió del ataque. Pero hubo una consecuencia: sin células CD71 +, las células intestinales de los ratones se inflamaron cuando encontraron bacterias intestinales normales.

Retirada estratégica

Recien nacidoOfer Levy, pediatra del Hospital de Niños de Boston en Massachusetts, dice que la reducción de la inflamación debe ser la lógica principal del cuerpo para suprimir inicialmente la inmunidad. "Si no hubiera mecanismos para amortiguar la inflamación, el recién nacido se desintegraría", dice Levy. Way y sus colegas, que publicaron sus hallazgos hoy en Nature1, encontraron que la sangre de un cordón umbilical humano también contenía un mayor número de estas células CD71 + que la sangre de adultos.

"Es muy convincente", dice Levy, a pesar de que advierte que se necesitan pruebas adicionales en seres humanos antes de que el descubrimiento pueda ser utilizado en medicina. El ecosistema microbiano del cuerpo está entrelazado con su sistema inmunológico, por lo que podría ser difícil alterar uno sin interrumpir el otro, dice. "El recién nacido se construye de esta manera por una razón".

Way está ahora tratando de encontrar maneras de ajustar este sistema para mejorar el tratamiento de las enfermedades en los recién nacidos. Por ejemplo, los bebés nacidos prematuramente a veces son afectados por una condición llamada enterocolitis necrotizante, en la que sus intestinos se deshacen. Un factor que contribuye podría ser que no tienen las bacterias que les permitirá digerir los alimentos. Way hipotetiza que estos recién nacidos prematuros aún no tienen células CD71 + activas, y que de alguna manera la introducción de estas células o el uso de una droga para activarlas podrían suprimir el sistema inmunológico el tiempo suficiente para que las bacterias beneficiosas colonicen los intestinos.

Además, agrega Way, los bebés no se vacunan normalmente hasta meses después de haber nacido, porque sus sistemas inmunológicos son demasiado débiles. Sin embargo, en los países en desarrollo, los lactantes a menudo reciben atención médica inmediatamente después del nacimiento, por lo que muchos nunca recibirán vacunas. Encontrar una manera de fortalecer sus sistemas inmunológicos reduciendo temporalmente el número de células CD71 +, por ejemplo, podría permitir a los trabajadores de salud vacunar a los bebés de inmediato.

Última actualización el Viernes, 10 de Noviembre de 2017 13:00
 

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