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¿Estamos determinados por los genes? PDF Imprimir E-mail

Cadena de ADNUna de las frases que me suelo encontrar con frecuencia como terapeuta es: "mi problema es físico/genético y no hay nada que hacer", dando por entendido que lo físico y lo genético es real e inamovible, no como lo psicológico donde puede actuar el efecto placebo y la sugestión. Sospecho que esta creencia se mantiene en el saber popular por la poca difusión mediática que tienen los "últimos" (algunos tienen más de 40 años) avances científicos en el conocimiento del funcionamiento de los elementos que constituyen nuestro cuerpo.

En la educación básica, e incluso universitaria, se siguen transmitiendo las "verdades" que todos conocemos: los genes son fundamentales en la determinación de tu físico, capacidades y comportamiento; las enfermedades se producen porque partes de tu cuerpo tienen un funcionamiento erróneo; si una enfermedad es muy grave y prolongada es difícil que te recuperes sin secuelas; tu carácter y capacidades no se pueden cambiar; etc..

Es curioso que creamos en el libre albedrío y queramos toda la libertad individual posible aceptando planteamientos que nos "encadenan", que marcan los límites de algunos de los ámbitos más importantes de nuestra vida: la salud, cómo queremos ser y qué podemos hacer.

Echemos un vistazo a esos avances y reflexionemos sobre sus implicaciones.

¿Qué somos?

Puede que parezca que me vuelvo muy filosófico, pero creo que es crucial ir a la base para empezar a construir el esquema de cómo funcionamos. Citando a Bruce Lipton: "En términos básicos los seres humanos no somos más que la consecuencia de una consciencia colectiva amebiana". Es decir, que biológicamente hablando no somos más que un conjunto de billones de células trabajando coordinadamente. Por tanto, para conocer cómo es posible que tantas células trabajen en armonía y que problemas pueden tener parece lógico tratar de entender cómo opera una célula individualmente.

La célula es un conjunto de compuestos químicos, principalmente proteínas, lípidos, polisacáridos y ácidos nucleicos, además de agua, organizados en estructuras, que en las eucariotas serán: membrana celular (que delimita a la célula de su entorno), el citoplasma (interior de la célula donde se hayan una serie de orgánulos con funciones importante) y el núcleo (donde se encuentra el material genético, el ADN). Aunque la célula requiere todos estos tipos de moléculas químicas que citába, las proteínas son el componente más importante de los organismos vivos, ya que, simplificando mucho, se asocian entre ellas como si fuese un engranaje mecánico y son capaces de crear movimientos que se propagan a través de toda la célula, generando los procesos necesarios para su supervivencia. Pero, algo tiene que haber "dado impulso" la primera proteína del engranaje y ese algo ha que ser bastante específico, porque la célula tiene un comportamiento coherente.

¿Quién manda en la célula?

Esquema de la membrana celularLa idea que se tiene generalmente (fortalecida por las noticias sobre "curación" de enfermedades mediante manipulación genética) es que el ADN del núcleo se encarga de regular el comportamiento de la célula y, por tanto, será el que pone en movimiento a las proteínas. Pero la realidad observable es que el ADN está encapsulado a su vez por proteínas, que no permiten que se despliegue y hasta que estas no se separan no es posible leer el código genético, que sirve para crear nuevas proteínas. Entonces ¿qué es lo que controla finalmente el comportamiento celular?

Salgamos de la célula un momento y contemplémosla desde fuera. Lo que apreciaremos a primera vista es la membrana celular, una barrera, formada por lípidos y proteínas, que separa el citoplasma del entorno. Como la célula tiene que crecer ha de poder tomar nuevos elementos del medio y ser capaz de deshacerse de las toxinas que genere. Esto lo hace a través de las PIMs (Proteínas Integrales de Membrana) y las hay de dos tipos. Las receptoras, cuya finalidad es percibir un estímulo específico del exterior o el interior de la célula y las efectoras que reaccionan ante el estímulo capturado por las PIM receptoras, desencadenado un proceso específico. Ese proceso puede incluir la generación de nuevas proteínas para adaptarse al estímulo, que se crean a partir de la lectura de ciertos genes específicos contenidos en el ADN y estos genes quedan al descubierto al retirarse el encapsulado proteico que lo encerraba como consecuencia de la señal detectada. Luego las proteínas PIMs son las responsables de que la célula reaccione ante los estímulos internos y externos, desempeñando un papel parecido al de nuestro cerebro.

Para comprobar la realidad de esta argumentación se han realizado experimentos en los que se ha retirado el núcleo a una célula y esta se mantiene viva hasta que las proteínas dañadas por su actividad son tantas que, al no poder ser reparadas (porque para eso se necesitan los "planos" que contiene el ADN, la biblioteca), no es posible mantener la actividad. Estos experimentos se llevan realizando más de 100 años con huevos, que sin núcleo llegan a dividirse hasta formar una blástula de 40 células o más. Si se eliminan (con enzimas) cualquiera de los dos tipos de proteinas PIM la célula queda inerte.

Por tanto, la célula reacciona a los estímulos internos y externos adaptando su respuesta al medio en el que se encuentra, es por esto que, si la célula no funciona correctamente el primer paso debería ser verificar que está pasando en el entorno, qué estímulos están haciendo reaccionar a las PIMs.

Como decía el profesor de Universidad de Bruce Lipton, Irv Konigsberg: "Cuando las células enferman busca la causa en el entorno".

El resto del cuerpo es el entorno de tus células

CélulaLas células únicamente pueden estar en dos estados excluyentes entre sí: crecimiento o protección. Cuando una célula se encuentra en un entorno apropiado recibe señales externas que disparan una respuesta de crecimiento en la que consume energía e intercambia elementos con el medio, para la creación de los nuevos bloques estructurales. En el momento en que se desencadena el modo de protección se cierra el sistema de intercambio y se aísla.

En los organismos multicelulares, no todas las células están en uno de los dos estados a la vez, estos pueden combinarse, siendo las respuestas de crecimiento y protección reguladas por el sistema nervioso. La tarea de este sistema consiste en examinar las señales ambientales, interpretarlas y organizar las acciones de comportamiento apropiadas.

El cuerpo consta principalmente de dos sistemas de protección diferentes:

  • Sistema de protección contra amenazas externas, eje HPA (Hipotálamo-hipofisario-suprarrenal). Cuando el hipotálamo cerebral percibe una amenaza en el entorno, activa el eje HPA mediante el envío de una señal a la glándula hipofisaria, que es la responsable de conseguir que una comunidad de cincuenta billones de células se prepare para el peligro inminente. Al igual que las proteínas receptoras, el hipotálamo recibe y reconoce las señales medio ambientales; la función de la hipófisis es la misma que la de las proteínas efectoras, se encarga de poner en funcionamiento los órganos corporales. Las glándulas suprarenales son activadas y segregan las hormonas del estrés, que se liberan en los vasos sanguíneos y constriñen sus paredes en el aparato digestivo, obligando a la sangre cargada de nutrientes a encaminarse hacia las extremidades. La redistribución de la sangre tiene como consecuencia una inhibición de la funciones como la digestión, la absorción, la excreción y otras que incrementan el crecimiento celular y la producción de reservas energéticas corporales. Así pues, la respuesta de alerta inhibe los procesos de crecimiento y arriesga la supervivencia del organismo al impedir la producción de las reservas de energía vitales.
  • Sistema inmunológico. Nos protege de las amenazas que se encuentran bajo la piel, como aquellas causadas por bacterias, virus o células cancerosas. La activación del sistema inmunológico supone un enorme gasto de las reservas de energía del organismo y cuando el eje HPA activa la respuesta de huida o lucha, las hormonas secretadas por las glándulas suprarrenales suprimen por completo la actuación del sistema inmunológico,  a fin de conservar las reservas de energía. De hecho, las hormonas del estrés son tan eficaces a la hora de inhibir la función del sistema inmunológico que los médicos se las recetan a los pacientes de trasplantes para que su sistema inmune no rechace los tejidos extraños.

Por tanto, una apreciación de peligro (real o no) por parte del cerebro desencadena una entrada en modo protección de ciertas células del cuerpo. Si esta señal de peligro es continua o muy frecuente (estrés crónico) tendremos como consecuencia una degeneración real de los tejidos implicados, sin mencionar la propensión al desarrollo de las enfermedades que combate el sistema inmune, como por ejemplo las infecciones y el cáncer.

La célula puede modificar su ADN

Cadena de ADN girandoTodo este proceso descrito anteriormente provoca que en las células implicadas se hayan activado los "genes del estrés". Es decir, las señales detectadas por la célula (eléctromagnéticas y químicas) han desencadenado una secuencia en la que la cubierta proteica del ADN se separa, permitiendo la lectura de ciertos genes específicos, que codifican las proteínas necesarias en la respuesta de protección. Incluso, si la situación de estrés es prolongada es posible la célula altere su ADN de modo permanente, para la producción de mayores cantidades de determinadas proteínas, lo que puede desembocar en un cambio en el comportamiento del sujeto, como explican en este estudio o este otro.

Este mecanismo es crucial, porque abre la puerta a pensar que los estudios genéticos únicamente certifican la relación genes-estado-comportamiento en el momento actual (una foto fija). Lo que no quiere decir que los genes siempre hayan tenido la misma configuración. También sería lógico pensar que el proceso puede ser reversible y que ciertas condiciones ambientales desencadenen que los genes vuelvan al estado original u otro distinto.

El poder de las creencias y la influencia del cerebro en el ADN

Candance Pert en su libro "Las moléculas de la emoción" propone que la mente consciente puede utilizar al cerebro para generar "moléculas de emoción", neuropéptidos, que son captadas por los receptores celulares induciéndolas a entrar en un estado u otro según la emoción que sienta el individuo. Pert afirma que los traumas son siempre emocionales y mentales, además de físicos. Se almacenan en forma de recuerdos en el cerebro y en la médula espinal, y nos cambian tanto física como psicológicamente y que la influencia más importante que podemos ejercer sobre nuestro cuerpo son nuestras expectativas, lo que creemos que va a suceder y lo que nos decimos a nosotros mismos que va a suceder (opinión respaldada por la biodescodificación).

Existen otros estudios que comprueban que los estados cerebrales son capaces de desactivar los "genes del estrés". En este caso no sería una modificación del ADN, sino que la cubierta proteica volvería a impedir la lectura de dichos genes, los "apagaría". En la práctica de la meditación el cerebro entra en estados caracterizados por la baja frecuencia de las ondas electromagnéticas que produce, que se corresponden a estados de relajación. En esos estados el cerebro genera las señales necesarias para que las células puedan salir de su estado de protección, desactivando los genes implicados.

Fenotipo y genotipo

Fenotipos de Abeja"Tan inútil es intentar determinar la parte del fenotipo de un organismo que se debe a la genética y la parte que se debe al ambiente como intentar saber qué parte del área de un rectángulo se debe a su longitud y que parte a su altura. El genotipo y el área son un todo. El éxito espectacular de la genómica ha tenido, lamentablemente, el efecto de reavivar la creencia de que los genes constituyen el determinante principal dentro del comportamiento humano. En este articulo se desarrolla la tesis de que la expresión genética es modificada por los efectos del ambiente y que el impacto del ambiente sobre un individuo dado es modificado por el genoma de este. Los genes establecen los límites de lo posible; el ambiente sintetiza la realidad".

Esta frase es del psiquiatra Leon Eisenberg y fue publicada en una artículo especial de la revista oficial de la Asociación Mundial de Psiquiatría. En ese artículo hace un repaso de varias características (inteligencia y depresión) o enfermedades (raquitismo, fenilcetonuria, esquizofrenia) genéticas o que han sido asociadas a la genética y muestra la variabilidad del desarrollo de los síntomas de la característica o enfermedad, e incluso la no aparición de estos, dependiendo de los factores ambientales en los que se desarrolla el individuo. Casos de especial interés son el factor hereditario de la inteligencia, la esquizofrenia y la depresión.

  • Para la inteligencia cita un estudio de Eric Turkheimer en el que se afirma que "en familias pobres, el 60% de la varianza del cociente intelectual (CI) queda explicado por el ambiente compartido, mientras que la contribución de los genes es prácticamente nula; por otra parte en familias ricas el resultado es casi exactamente el inverso" y concluye que: "Al igual que el consumo insuficiente de alimentos disminuye la estatura y reduce su potencial hereditario, la malnutrición afectiva y cognitiva induce efectos similares sobre el desarrollo de la inteligencia".
  • Estadísticamente existe un riesgo mayor de sufrir esquizofrenia si tus padres la han sufrido, pero lo que ha primera vista parecería ser un problema hereditario resulta acabar siendo ambiental. En un estudio publicado por Pekka Tienari en Finlandia, se observa que el desarrollo de la esquizofrenia va ligado principalmente al crecimiento de la persona en familias disfuncionales, lo que suele ocurrir en las que uno o los dos padres son esquizofrénicos.
  • Referente a la depresión comenta un estudio realizado por Caspi en el que se intenta determinar por qué hay personas más propensas a la depresión después de sufrir acontecimientos vitales estresantes que otras. Finalmente se concluye que el factor más importante para tener esa predisposición a la depresión es haber vivido con anterioridad otros episodios estresantes, por encima de la presencia de ciertos genes.

Conclusión

A la vista de los hechos descritos es posible formular la siguiente hipótesis: no es descartable que la gran mayoría de las enfermedades, tanto físicas, como mentales e incluso genéticas tengan su causa en traumas emocionales (a considerar desde el momento de la generación de las células sexuales que darán viva a la persona), que quedan almacenados en el cuerpo. Esta argumentación es coincidente con las apreciaciones de la OMS (conservadoras), de que más del 70% de las enfermedades son debidas al estrés y un porcentaje similar psicosomáticas, lo que quiere decir que nuestro estado emocional crea las enfermedades y que la mente es capaz de modificar el físico de manera acorde a cómo nos sentimos.

Ha quedado expuesto que existe una base científica experimental que permite proponer la posibilidad de sanar los problemas físicos e incluso la expresión genética, ya que, cuando las condiciones del ambiente celular vuelven a un estado favorable al crecimiento la célula se regenera.

Por consiguiente, nunca debe ser descartable una mejora, incluso la remisión completa, en cualquier tipo de afección si se tratan los traumas emocionales asociados, porque, como dice Candace Pert, la influencia más importante que podemos ejercer sobre nuestro cuerpo son nuestras expectativas, lo que creemos que va a suceder y lo que nos decimos a nosotros mismos que va a suceder.

Última actualización el Miércoles, 30 de Julio de 2014 10:54
 

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