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Vicenç Navarro

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Maldad y bondad innatas PDF Imprimir E-mail

RegañarEsta reflexión surge a raíz de las preguntas que van apareciendo en las charlas que impartimos desde la Asociación y extiende las ideas discutidas anteriormente, sobre el uso condicionante de las emociones por parte de la sociedad, con el título: "La culpa y el miedo: ¿son necesarios?".

Esta vez me centraré en una de las incoherencias que transmite la conciencia social, la que nos lleva a pensar que tengo que controlar mis emociones para no obrar erróneamente, pero solo hasta cierto punto, porque si logro liberarlas del todo, no habrá nada que me retenga y no me importará "hacer el mal"

Creo reconocer en el fondo de esta argumentación el concepto del "pecado original", con el que nos han condicionado desde pequeños. El prejuicio que dice que somos malos desde que nacemos y debemos estar continuamente en alerta ante nuestra naturaleza destructora, ya que, dejándonos actuar libremente dañaremos a los demás y hasta a nosotros mismos.

¿Tenemos una maldad innata?

Vamos a analizar qué puede haber de cierto en esa concepción de la naturaleza de la persona, empezando por conocer cuáles son las bases de nuestro comportamiento "dañino", a la luz de las últimas investigaciones en neurología.

Parece que, contrariamente a lo que se ha defendido durante mucho tiempo, en la base de nuestros pensamientos hay una emoción, que condiciona el camino que toma nuestra razón. Incluso hay estudios que sugieren que nuestros razonamientos sobre por qué hemos tomado una decisión son más una justificación de la decisión en sí, que la causa que la determina. La decisión es tomada inconscientemente comparando con diferentes experiencias anteriores y, una vez superado un umbral, ésta se hace consciente. Estas investigaciones parecerían apoyar la idea del mal innato, pero antes de sacar conclusiones echemos un vistazo en mayor profundidad a cómo funciona ese sistema de decisión y comportamiento.

Marcador somáticoTodos parecemos disponer de un sistema de aprendizaje básico (estímulo - respuesta) que se fortalece con la repetición y el refuerzo emocional, que es empleado socialmente para la educación de las personas. Nuestros padres, profesores, jefes, amigos, parejas, etc., nos felicitan o nos reprenden dependiendo de si quieren que repitamos lo que hemos hecho o que no lo volvamos a intentar. Es un mecanismo simple pero muy efectivo, que puede ser explicado por la teoría del marcador somático del neurólogo Antonio Damasio.

En la memoria de una situación, nuestro cerebro graba la información de lo que pasó, que consta de: los datos externos recibidos por los sentidos, el estado interno del organismo (a lo que Damasio denomina emoción) y los pensamientos que se tuvieron en aquellos instantes. Al recordar, se desata el proceso contrario. Se reviven los estímulos externos (imágenes, sonidos, olores, etc.), aparecen los pensamientos y juicios que hicimos y el cuerpo vuelve al mismo estado metabólico que entonces. Es esta condición interna, la emoción, la que va a marcar la importancia subjetiva de: lo que pasó y los pensamientos que almacenamos. Y es tan poderosa que determina en gran medida nuestra reacción, tanto en nuestro comportamiento como en los razonamientos que tengamos. Este efecto está ampliamente demostrado y es utilizado por la propaganda (comercial, política, religiosa, informativa, educativa, etc.) para manipular al individuo.

Parece posible, por tanto, que lo que almacena el cerebro de nuestras vivencias sea la causa principal de nuestras acciones e, incluso, de nuestros valores morales. "Sentimos" primero si algo está bien o mal, justificándolo conscientemente a posteriori. Siendo la mezcla de ese sentimiento y las razones elaboradas conscientemente lo que nos llevaría a actuar. Con esta explicación, la educación (en sentido amplio) determina nuestra manera de ser, nuestro "carácter" y no sería necesario suponer que son tendencias innatas.

Cabría objetar que el argumento expuesto no se ajusta al hecho observable de que los bebés recién nacidos actúan de diferentes maneras, parecen tener un carácter propio antes de ser educados. Pero esta exposición no tiene en cuenta que nuestras experiencias no empiezan con el alumbramiento. Ya en el vientre de nuestra madre acumulamos información de situaciones estresantes para ella, que pueden ser revividas inconscientemente en cualquier momento, efecto que podría explicar parte del carácter que muestra el bebé al nacer.

El punto clave que permitiría determinar claramente cuál de las dos posturas es la válida y que provocaría un cambio de paradigma en la psicología y neurología, sería la demostración de que es posible desactivar los marcadores somáticos y la comprobación de los cambios neurológicos y conductuales consiguientes. En realidad, creo que ni siquiera es importante si nuestras tendencias son innatas o aprendidas. Lo crítico es saber si son modificables permanentemente, por las implicaciones que ese hecho tendría en la validez de las reglas sociales. 

Hagamos un ejercicio de "imaginación" y admitamos que los marcadores somáticos son modificables. ¿Cuáles serían las consecuencias en la persona? o dicho de otro modo, ¿qué pasaría si el pasado se pudiese cambiar? Y no me refiero a viajar en el tiempo y modificar lo que pasó, me refiero al pasado que revivimos continuamente, a nuestros recuerdos más cargados de emoción y lo que nos hacen sentir.

No es lo mismo recordarnos haciendo la compra hace un año, si es que podemos, a revivir un momento "importante" de nuestra vida, que "nunca podremos olvidar". ¿Por qué es importante? Porque lo sentimos así. La importancia está ligada a la sensación que nos suscita la memoria y, por tanto, es lógico pensar que mi vida cambiaría totalmente si pudiese modificar las emociones almacenadas de los recuerdos, ya que, pocas cosas serían irreversibles. Nadie prodría "arruinarme la vida" y transformarme en un agresor o una víctima.

Veamos un ejemplo: la justicia.

Justicia en luchaSi la importancia que le doy a un recuerdo, lo que me hace sufrir al evocarlo, es la intensidad de las emociones almacenadas en él y soy capaz de liberarlas, los traumas y las situaciones dramáticas pierden su cualidad dañina "objetiva": la persistencia de las secuelas. Si me han herido, pero yo no me siento mal por ello, no existe un dolor permanente y, por consiguiente, la trascendencia para mí y para la sociedad disminuye. De hecho, el sentido de justicia, que en el fondo creo que tiene que ver con el ojo por ojo (sufre lo mismo que me has hecho sufrir a mi), pierde su razón de ser. Yo ya no sufro al recordar y ni siquiera me afecta lo que viví en el pasado, luego "no necesito que se haga justicia" con mi agresor. Entonces, para enjuiciar las acciones solo quedaría evaluar el daño físico permanente, material o social.

Si damos un paso más allá veremos que el sistema penal actual ni siquiera es congruente con ninguna de las dos visiones: maldad innata o aprendida.

Según nuestra Constitución lo que se busca con las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad es la reeducación y reinserción social de la persona que delinque, ergo, considera que es posible la modificación de conducta, pero eso no es coherente con que las penas tengan duración. El que existan condenas de privación de libertad indica que el comportamiento del ciudadano es peligroso para la sociedad y que requiere que se le aparte de ella para evitar males mayores. Hasta aquí correcto, pero la persona debería salir cuando haya un cambio real y permanente de su conducta y deje de ser peligrosa, ni antes ni después, aunque hayan pasado 2 días o 60 años e independientemente de la naturaleza del delito, terrorismo, asesinato, violación, estafa, etc.

A mi entender el que esto no sea así se debe a que no existen métodos eficientes y humanos (excluimos torturas, por supuesto), aceptados oficialmente, que posibiliten esos cambios de conducta y se cree que solo es posible la modificación por propia voluntad y esfuerzo del preso, motivándole con reducciones de pena por buena conducta. Un método similar al empleado en educación cuyos resultados son un 33% de fracaso escolar en nuestro país.

Delitos y sistema penal (reflexión)

 

Conclusiones

Tengo la convicción de que en muy poco tiempo puede producirse un cambio social radical. En el momento en que cada persona sea dueña de sus comportamientos, hábitos y pensamientos, porque no esté condicionada por procesos inconscientes, no deseados, almacenados en su pasado (marcadores somáticos), desaparecerá el miedo a lo desconocido o al cambio, y el sentimiento de impotencia e injusticia que mueven a la frustración, la rabia y el odio. Ése será el momento en que por fin podremos entendernos hablando y razonando, porque no chocaremos con las emociones atrapadas en un recuerdo.

Última actualización el Lunes, 28 de Diciembre de 2015 16:39
 

Comentarios  

 
0 #1 Alejandra 20-10-2014 04:08
Me interesa mucho todo lo que publican
Saludos desde México
Un abrazo
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0 #2 Alejandra 20-10-2014 04:11
Todas se publicaciones son muy buenas, muy agradecida de existan
Un abrazo desde México
Reciban mucha luz y bendiciones
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0 #3 Paco 20-10-2014 06:21
Gracias a ti Alejandra por tu deseos :lol:
Un abrazo
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