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«No hay acción humana sin una emoción que la funde como tal y la haga posible como acto.»

Humberto Maturana

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¿Quién debe cambiar en una relación? PDF Imprimir E-mail

Chicos frente un lagoEste mes de diciembre organizamos una charla con el tema "Mejorar las relaciones" y, para mí, de las mejores cosas que tienen las charlas, a parte del contacto con la gente, es que al prepararlas, te obligas a intentar sintetizar y exponer lo más claramente posible los factores y creencias más importantes sobre el tema a tratar. Esto te lleva indefectiblemente a replantearte las ideas a transmitir y a profundizar en eso que ya crees dominar, porque nunca se acaba de aprender smile (De hecho, tienes nueva información sobre relaciones en el Seminario: Libertad Emocional (2017) ).

Pues bien, organizando la presentación, llegué a la parte en la que comentaba cuales podrían ser las soluciones a los conflictos que aparecen en las relaciones. Empezaba exponiendo las recetas "clásicas": romper la relación y hacer que el otro cambie; y continuaba con la solución "real": cambiar uno mismo. Pero, según repasaba el contenido empezaba a escuchar en mi mente las argumentaciones y excusas que todos nos hemos dado alguna vez a favor de los dos primeros caminos y en contra de la "supuesta panacea del cambia tú mismo".

"Ya, yo cambio, pero el problema con X va a seguir ahí". "Claro, yo libero la rabia y entonces mi jefe en vez de la mano se toma el brazo". "Sí hombre, me quito el miedo, voy y le digo algo y seguro que quiere salir conmigo, ¡venga ya!". Y tantas y tantas otras.

Y es que, aunque creas que has asimilado el nuevo paradigma (las emociones limitadoras son tu propia cárcel), las creencias siguen ocultas en tu subconsciente y surgen como verdades absolutas, paralizándote, cuando no estás atento. Sobre todo, cuando lo que propones va en contra de lo que te han enseñado durante toda tu vida y es anti-intuitivo (si yo cambio, cambiarán los demás). No es que el subconsciente (que es el responsable de esos mensajes) sea malo, es que evolucionó así wink.

El subconsciente es tu "sirviente leal". Funciona como un megaordenador, con todas sus ventajas y desventajas. Es capaz de mantenerte vivo, coordinando el trabajo de los billones de células de tu cuerpo. Aprende rápidamente cómo caminar, cómo nadar, cómo conducir, para que tu cerebro consciente no pierda el tiempo en esas tareas repetitivas y se centre en lo verdaderamente importante. Pero eso lo hace a todos los niveles: lo que aprende es para siempre y da igual que sea algo mecánico, montar en bicicleta, o una creencia "los niños no hablan, sólo escuchan". El subconsciente lo utilizará de modo automático, sin juicios, ni evaluaciones, para quitar trabajo al consciente. Por tanto, no se va a parar a pensar si lo que tiene que decirte te va a herir, o si te lo podría elaborar de una forma más amable. Simplemente, te va a lanzar a la cara esas frases que aprendió a lo largo de tu vida, como pueden ser "eres un inútil", "tu hermano siempre será mejor", "no piques muy alto porque puedes decepcionarte", "si no cambia el otro tú no puedes ser feliz", cuando la situación que vives dispare esas asociaciones.

En ese momento, no nos damos cuenta de que las creencias no son hechos y puede que no tengan ningún sentido. Son frases que aparecen en nuestra mente sin previo aviso y que si intentamos revelarnos contra ellas nos hacen sentir mal. Es precisamente esa reacción emocional, y la reducción de la capacidad intelectual que conlleva, la que no nos permite contrastar la creencia con la realidad y aceptarla o deshecharla. Porque, analizando fríamente la creencia "tiene que cambiar el otro para que yo me sienta bien", si queremos cumplirla, nos enfrentamos a lo que puede ser un muro infranqueable.

A primera vista, podría parecer claro que el estímulo que causa mi malestar es la otra persona, ella dice algo y yo me altero. Pero mis emociones son una reacción fisiológica de mi cuerpo. Es mi subconsciente el que dispara esa respuesta, acorde a sus asociaciones internas de cómo se debe reaccionar ante un estímulo externo determinado. Todos sabemos que un mismo hecho no provoca las mismas sensaciones en personas diferentes y por tanto pretender que es el evento el culpable de cómo me siento es pretender transformarnos en víctimas del destino en vez de en dueños de nuestra vida. Pero, realmente es muy difícil intentar enfrentarse al problema sin tener las herramientas adecuadas.

Decíamos antes, que si experimentamos un nivel emocional intenso no seremos capaces de pensar con claridad. Por consiguiente, tendremos mucha suerte si somos capaces de arreglar algo en esas condiciones. Lo bueno es que no es necesario llegar a ese estado para eliminar las asociaciones de nuestro subconsciente. Para él la realidad y lo que imagino es lo mismo y por tanto, puedo extraer la respuesta emocional que tendría en una situación, sin tener que sentir todas las emociones a la vez y sin necesidad de que esté la persona que la dispara delante. Una vez contacto con una emoción, me es posible liberarla y eliminar la asociación. Sería como si en vez de desactivar el detonador (que cambie el otro) de la bomba inutilizo el explosivo (cambio yo).

Cambiar tú tiene varias ventajas sobre el sistema que nos enseñaron durante mucho tiempo, ya que eliminando la emoción el cambio es permanente. Volviendo al símil anterior, si no hay explosivo (qué siento) nada puede estallar, incluso empleando detonadores distintos (diferentes personas pueden disparar una misma reacción en tí). Si tú no te puedes alterar, tus reacciones con la gente cambian. Ya no los sientes como una amenaza y tu lenguaje corporal estará relajado. Esto, por lo general, lleva a que la otra persona también se relaje y modifique su actitud contigo. Curiosamente, el resultado es el pregonado por la creencia (que cambie el otro), sólo que sucede de forma natural cuando te centras en aquello que puedes controlar: .

Última actualización el Jueves, 31 de Agosto de 2017 10:39
 

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